Mañana se cumple otro aniversario de cuando se fue mi padre. Con todas sus maravillosos defectos y todas sus irritantes virtudes, se fue así, sin avisar ni dar tiempo a nada,un día mágico como es el 24 de junio, porque él era un poco así, un poco mágico, tan Federico. Él me presentó al otro Federico, a García Lorca (y recuerdo a mi primo Alejandro con, no sé, diez o doce años, leyendo en voz alta a pedido de mi papá "sus muslos se me escapaban/ como peces sorprendidos" y la sorpresa, el leve horror de lo que estaba leyendo -entendiendo- se lo llevaba él, pobre Ale Emoticono wink todavía era muy peque para eso de llevarse a nadie al río). También a Ray Bradbury y a Italo Calvino y sus Ciudades Invisibles. Y mi padre se fue, a esa invisible ciudad donde viven los muertos, que ahora no recuerdo el nombre (pero había una, no?). Y ya no llega tarde, ni olvida promesas, ni hace bromas ni baila ni se ríe. Veinticuatro años ya, viejo... ¿hacía falta morirte tan joven? Hubieras sido un abuelo genial, pero no llegaste a peinar canas casi. Tenés un nieto que se te parece mucho, ¿sabés? Y una nieta que te tendria embobado. Y un bomboncito que no se bajaría de tus rodillas.
A veces sueño que te veo y siempre estás en un barco, en un avión, siempre te estás yendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario