lunes, 1 de agosto de 2016

Otro verano

Ha pasado un año desde que escribí por última vez (aquí).
Ha pasado un año con tantas cosas...

Mi tío Marcelo, ese personaje sutil, con su barba blanca y sus ojos azulísimos, nos dejó hace ya un año. Estuve en Buenos Aires y su ausencia se notaba en el aire.

Y eso, estuve en Buenos Aires, con mis tres nenes. Para Sira era la primera vez. Era el cumple de 80 de la Aba, de mi madre, y estuvimos allí, los cuatro, para festejar lo que se pueda, mientras se pueda.
Dejamos en casa a mi compañero y a nuestra nueva "nena".

Nuestra nena de cuatro patas color chocolate y ojitos de miel, que ya lleva casi un año con nosotros. Y ahora tenemos que irnos ("tenemos que") de vacaciones y no la podemos llevar. Le hemos encontrado lugar para que ella también haga vacaciones de perro, pero nos parte el corazón no poder estar con ella este mes.

En este casi-año nuestra nena-perra se ha hecho perra-mujer, seguida de cerca (aunque aún no la alcance, que los perros van mucho más rápido por la vida) por nuestra nena mayor, a la que se le están notando mucho esos doce años. Yo miro sus pecas y mis canas, y me pregunto dónde, dónde se ha ido todo este tiempo, si ayer mismo me ponían en los brazos una  bebé perfectísima, un ser pequeñito cuya existencia y sus consecuencias han cambido varias vidas sin retorno. Y miro a los tres, a mi hombrecito hermoso, a mi nenita tremenda, y me pregunto si seré capaz de ser la guía que necesitan para crecer, para abrir las alas y volar adonde les toque ir, con el cerecbro atento y el corazón abierto pero vigilado.

Pero hoy no importa eso, hoy sólo importa dar el paso que corresponda a hoy, crear un buen recuerdo, uno que evoquemos dentro de un año, dentro de diez, y que nos haga reír, o sonreir, o suspirar. Algo que nos una, que nos vincule, que haga que seamos la misma tribu, el mismo clan.

Si mi tío dejó una herencia a sus hijos fue, justamente, ese espíritu de clan. Y aunque mi tribu sea mucho más pequeña, yo también quiero dejarles eso. Porque poco hay en el mundo si no se tiene una tribu que te acoja cuando vengas cansado o herido.